Y esta vez no es en sentido figurado. He decidido volar de verdad, ver el mundo desde arriba, con las riendas del viento en mis manos y la inseguridad del suelo abajo, a lo lejos.

Sueño constantemente que vuelo, en un cameo constante a Freud y su psicoanálisis de mis ansias no resueltas. Y hace unos días, tuve un sueño muy vívido en el que volaba en un parapente, de verdad, sin nada ni nadie que me lo impidiese como es habitual en mis noches. Simplemente, saltaba, volaba y manejaba mi vuelo. Me desperté emocionado, palpitando en mis sienes la certeza de que esta vez sí iba para arriba.

Tengo 39 años, una familia maravillosa, amigos que me quieren, y un sueño que puedo cumplir ahora, en este momento. Volaré. Ya lo creo.