Febrero
18

THAT’S ALL, FOLKS

Posted In: G) Post-Tratamiento by Roberto

Como colofón de este blog sólo una idea. El cáncer no me ha hecho mejor como mucha gente aporta a la experienciaCamino vida dramática de la enfermedad, ni un ápice. Simplemente ha servido para jodernos un buen tramo de mi vida, sepultar en un pasado idealizado lo que fuí, e hipotecarme el resto de la vida con la amenaza permanente de una recidiva.  Con mucho gusto les regalaría un cachito del sufrimiento a todos esos que escriben y divulgan que la enfermedad es una oportunidad que nos da la vida para mejorarnos.  Más bien, es una muestra más de lo aleatorio del dolor y de la soledad en que se encuentra el ser humano frente a todos esos males que nos rondan permanentemente.

¿Donde queda la felicidad? En esos pequeños momentos que, eso sí, tenemos que disfrutar hasta el éxtasis, porque al final, es lo único bueno que nos va a quedar.

Diciembre
2

Otra revisión pasada, esta vez sin sustos.

Simplemente comunicarnos que el TAC estaba bien y que la analítica también. Una consulta aburrida, como a mi me gustan. De esas monótonas en las que no hay mucho que decir, porque un simple “todo bien” es más que suficiente.

Se va acercando el momento de cumplir los dos años desde que empecé con el tratamiento, y creo que en el 2011 me van a espaciar las revisiones cada cuatro meses. Tengo que reconocer que me inquieta un poco estar tanto tiempo sin saber si la bestia decide crecer otra vez, porque los TAC’s  van a distanciarse 8 meses entre uno y otro. Tocará acostumbrarse, como siempre.

Pudimos celebrar la buena noticia Eva y yo, en una comida muy especial en el mismo sitio donde fuimos cuando comencé con mis acúfenos. Esta vez con ellos muy, muy apagados (gracias por el respiro), recordando tiempos pasados y yo agradeciendo a lo que sea que hay Más Allá por la oportunidad que me daba de poder disfrutar de ese ratito que merecía todo lo sufrido.

Octubre
29

El comentario de María Camín a mi anterior entrada me ha hecho caer en la cuenta de lo poco que he ido hablando de mi gran secuela al cáncer, los acúfenos. Y quizas eso sea una buena señal.

La realidad es que sigo teniéndolos, para desgracia mía. No han empeorado pero tampoco han mejorado. No he vuelto a disfrutar de ningún día de paz absoluta, y mucho menos de una semana gloriosa como la que tuve antes del verano. Los pitidos siguen sus patrones propios, como ya me tienen acostumbrado: día bajo, día alto, día ruidoso, bajo, alto, ruidoso. Cuando la cosa se pone fea y el tiempo alto se alarga, los días se hacen muy cuesta arriba. Menos mal que tengo a mi familia para agarrarme a ellos como un salvavidas.

El tratamiento seguido estos meses, la Osteopatía, no ha dado el fruto esperanzador que yo creía. Puede ser que haya ayudado a encauzar algo el tema, pero no hay nada que me asegure que sin el tratamiento mi cuerpo no hubiese llegado a este mismo punto.

Previsiblemente, terminaré el tratamiento Osteopático en un par de sesiones. ¿Y después, qué? El otro día soñé que estaba en unos riscos muy altos y delgados, y tenía que bajar, pero el vértigo me impedía moverme, aún sabiendo que tenía que bajarlos para continuar camino. El significado del sueño no puede ser más transparente.

Octubre
4

Una vez más, visita al oncólogo para certificar que mi cuerpo sigue en orden y el cáncer no vuelve.

Eso sí, el susto no nos lo quitó nadie cuando el médico imprimió por error la radiografía de torax de otro paciente y pudimos leer “carcinoma y bla, bla, bla”. Yo no atinaba a salir del primer párrafo, mi cerebro atascado en una frase incapaz de asimilar. Eva al borde de un ataque. Supongo que el oncólogo debió notar que nos quedábamos completamente petrificados y nos quitó inmediatamente la hoja para romperla en mil pedazos, intentando desvanecer con el crujido del papel al rasgarse el maleficio que había invocado en un error.

Así que aquí estamos, dos meses más.

Septiembre
9

HASTA SIEMPRE AMIGO

Posted In: G) Post-Tratamiento by Roberto

Disfrutando de unos días de vacaciones con mis niños recibí por teléfono la noticia del suicidio de un amigo de la infancia. La gran diferencia en la forma de afrontar nuestra adolescencia nos llevó a distanciarnos allá cuando cumplíamos trece o catorce años, pero puedo afirmar que fue la primera persona a la que pude llamar “mi mejor Amigo” en esos hermosos días de la preadolescencia. El era el muchacho rebosante de vitalidad y actividad, yo más tranquilo y menos arriesgado. El se ha suicidado y yo he tenido que agarrarme  a esta vida.

A toro pasado, como siempre suele ocurrirnos, tuve ganas de llamarle por teléfono y quedar para tomarnos una cerveza y mostrarnos nuestras vidas, averiguar cómo habíamos cambiado desde niños a adultos y recordar las pequeñas fechorías y placeres que disfrutamos durante unos años. Y le eché de menos. Esa noche soñé que alcanzaba a detenerle antes de su última decisión, que le cogía del antebrazo con fuerza y nos íbamos a robar un poster de Iron Maiden al Corte Inglés, otra vez niños,  riendo como locos y con el corazón apretado del susto y la emoción ante lo prohibido.

Esta vida es así, cruel y dura, nada de cuentos chinos de alegría. Adiós, Amigo.

Agosto
25

El otro día salí a patinar por Madrid, a disfrutar de la sensación de ver pasar la ciudad a tu lado veloz, de notar las distintas texturas del suelo que rueda bajo tus pies y el murmullo del aire en los oídos.

Esto del patinaje está resultando una de las mejores terapias contra el estrés de mis acúfenos, y todo gracias otra vez,Patinar a Eva, que tuvo la feliz idea de regalarme unos patines sabiendo mi facilidad para la adicción a determinadas actividades. No sólo porque el runrún de las ruedas sobre el asfalto o el viento ya amortigua los pitidos, sino porque mientras patino estoy tan concentrado en rodar, esquivar y en todo lo que me rodea, que los acúfenos quedan relegados a un rincón bien apartado de mi conciencia, lo que es una bendición.

Según salí del trabajo me fuí a Avenida de América y desde allí recorrí el centro de la ciudad hasta el Palacio Real. Sobre esas ocho ruedas Madrid se presenta muy distinta a lo acostumbrado, con un nuevo aspecto basado en sus aceras, los baches y dificultades, la agradable sensación de esquivar a la gente dejándoles atrás en un suspiro mientras ellos se empeñan en avanzar paso a paso. Ese mismo recorrido que ya he hecho una vez con Eva, ella en bici, bien anclado su recuerdo entre las maravillosas tardes que hemos pasado juntos.

Y a la vuelta, ya camino del autobús que me devolvería a mi casa y de la realidad que se agarra a tí cuando te calzas las zapatillas de nuevo, me desvié de mi camino para entrar por una calle paralela a Diego de León y plantarme bajo la sombra del Hospital de la Princesa,  bien firme, quieto, mirando hacia arriba, a la ventana por donde yo me asomaba en mi último ingreso hospitalario, el origen del acúfeno que sigue asolando mi vida. Esa ventana por donde miraba justo ese pedacito de acera, y envidiaba a la gente que paseaba, compraba, conducía, sin saber que allí estaba yo, calvo, agotado y asustado.  Esta vez era yo el que estaba en la acera, con mi cabello recuperado hasta donde la edad permite, agotado de patinar y algo asustado, eso siempre. Pero allí abajo, con la fuerza suficiente para impulsarme rodando  y para hacer el esfuerzo de intentar disfrutar de esas pequeñas cosas que tiene esta perra vida.

Y mirando hacia arriba me he hecho un gesto a mí mismo de ánimo, que quizá haya recogido otro paciente oncológico.

Julio
29

SALIÓ CARA

Posted In: G) Post-Tratamiento by Roberto

La moneda cayó de mi lado. Aunque estuvo unos minutos girando sobre su canto, angustiosamente, antes de decidirse a otorgarme la suerte a mí.

La analítica salió bien, esta vez ningún sobresalto por problemas en el hígado. Pero a la hora de visualizar el TAC, el oncólogo guardó silencio un tiempo, más largo de lo habitual, rebuscando papeles y poniendo pegatinas con mis datos. En ese tiempo, que a buen seguro no fué más de un minuto o dos, ya visualizaba la petición de un nuevo TAC para contrastar el crecimiento anómalo de los tumores, y mientras sentía que me podía desmayar de los nervios en cualquier momento, miraba a Eva de reojo y su rostro expresaba la tensión que la sacudía.

En esos breves minutos, me supe enfermo otra vez. Hasta que el oncólogo expresó en voz alta “No se que pasa, que no sale el TAC”. Ahora no sé si quise levantarme y atraversarle la garganta con el bolígrafo con el que anotaba o abrazarle de alivio. Me limité a intentar calmar el galope del corazón hasta que dijo que todo estaba bien, que el tumor “seguía totalmente fundido”.

Un mes y medio más de tranquilidad.

Julio
16

Hoy he terminado la tanda de pruebas…la moneda está en el aire y sólo queda esperar si cae de mi lado o del lado del cáncer.

Crucemos los dedos…

Julio
5

Se va acercando mi próxima revisión. Intento no pensar demasiado en ella y centrarme en lo que tengo ahora. Y cuando surge el pensamiento, planto el pié en su coronilla y lo sumerjo al fondo, bien profundo, hasta que vuelve a salir como un cadáver hinchado.

El otro día contacto conmigo el padre de Axel (os recomiendo leer su blog http://piratasdeaxel.wordpress.com) y me comentó que estaban leyendo entradas de diariodeunzombi en una emisora canaria, todos los días media horita. Los primeros días me resistí, pero un día en el trabajo me conecté por internet cuando lo emiten, y escuché.

Oir las entradas que yo mismo escribí en boca de otro era sentir como los fantasmas volvían a salir aullando, encogiéndome en un puño helado las entrañas. Volver a vivir de otra forma lo vivido, revivir la pesadilla en la que se convirtió mi vida y que todavía arrastro, fue superior a mis fuerzas ese día. Sé que tendré que superarlo, pero no ahora. No es el momento.

Y para volver con un tema recurrente, los acúfenos campan de nuevo a sus anchas, he vuelto a la incomodísima rutina de 4 o 5 días malos, uno semibueno…espero que esto sea temporal, porque las esperanzas e ilusiones que me había hecho al respecto eran muy generosas. Tal vez demasiado. Y cuando los ruidos y pitidos se vuelven otra vez omnipresentes día y noche, me cuesta un gran esfuerzo mantener mis pensamientos en orden.

Ayer estuvimos celebrando cumpleaños de abuela, cuñado y nieta en aquel lugar donde pasamos el primer día familiar durante mi tratamiento. Y de nuevo tuvo un excelente resultado como tratamiento de choque a un día que yo preveía desastroso por el cansancio que arrastraba. Primero, las chicharras curiosamente opacaban de forma muy eficaz mis ruidos, tal y como ocurre con el ruido del agua corriendo. Fue entrar en la zona arbolada y de repente noté como se me relajaban todos los músculos del cuerpo, tan tensionados. Y después, por supuesto, el placer de compartir comida y bebida con todos los que amas terminó de dar la puntilla final al día, que terminó en casa con ruidos, pero ahora con más energías para aguantarlos hasta el momento de dormir.

Como ya me han comentado mi mujer y mi hermano, será cuestión de cazar unas chicharras y meterlas en casa :-)

Junio
18

NO OLVIDO

Posted In: G) Post-Tratamiento by Roberto

Como ya habéis ido leyendo, parece que la rueda de la vida, esa que te pisa y te deja sin respiración sin

no olvidar

no olvidar

contemplaciones, está ahora girando en mi dirección y me acompaña en paralelo, sin aplastarme como otras veces. Eso sí, no le pierdo ojo porque no me fío un pelo.

Pero esta época no hace que cada día recuerde lo que hemos pasado, y ahora más, lo que otras personas como Nines están pasando en estos momentos.

Precisamente el otro día, patinando y disfrutando como un niño, me vino a la mente de repente la inmensa suerte que tenía de poder estar allí, acompañado por mi hija y mi sobrino, dándole al ejercicio físico como si ese cuerpo que ahora intento disfrutar no hubiese intentado asesinarme hace no tantos meses.

Y supe gozar y también sufrir un poco por todos y todas las que ahora sufren el cancer en sus carnes, aquellos que están en estos momentos sufriendo la tortura de la quimioterapia, la quemazón de la radio, el abatimiento de la mala noticia y la incertidumbre de la supervivencia. Y me sentí pequeño, porque sé de buena tinta que ahora estoy bien, pero mañana nadie lo sabe. Que pronto se nos olvida que no somos más que un amasijo de carne y huesos muy frágiles.

Eso sí, de momento, disfruto trabajando - quien lo diría -, dándole un beso a mi mujer, haciendo reir a mis niños, y compartiendo lo que soy con mi familia y amigos. Que no es poco…