DEJANDO EL CIENO ATRAS
Los resultados de mis pruebas han sido buenos. No aparece la sombra del cáncer, y podemos respirar tranquilos hasta marzo, fecha en la que me enfrentaré de nuevo al terror.
Mientras tanto, parece que por fin voy sacando los pies del lodazal donde he estado chapoteando durante tantos meses. Ese cieno pegajoso que se ha quedado con mis zapatos, me ha ensuciado la ropa y el alma, dentro del cual tanto he brazeado, sudado y llorado. Las ramas de un árbol que siempre ha estado allí, firme en sus raices, tendiéndose día a día hacia mí han terminado de sacarme, una rama por cada miembro de mi familia y mis amigos, que no han cesado de susurrar su ánimo y a las que me he agarrado para sacar mi vida adelante, por mí, por Eva, Zoe, José, mis padres, por Dani y Lara, por todos los compañeros y amigos que no han cesado de preocuparese y ocuparse de mí.
Apoyado en el tronco de ese árbol, escuchando siempre mis acúfenos, pero también las risas y el viento, la música y el llanto que necesita ser consolado, miro hacia delante con la frente alta.
Y sé que llegarán tiempos malos, quizás peores, pero de momento, me lavo en el cálido baño que es mi vida.
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